Tras un Mundial en el que muchas personas nos hemos escandalizado por discursos racistas como el de Mariano Rajoy sobre la selección francesa, también deberíamos preguntarnos por qué no reaccionamos igual cuando los medios difunden esas declaraciones sin el contexto necesario para desmontar su falsedad y sus consecuencias.
Servir de altavoz a los discursos de la extrema derecha, tanto de políticos como de influencers, sin un análisis crítico es una práctica que el periodismo debe revisar. No puede alegarse falta de tiempo cuando los informativos dedican amplios espacios al sensacionalismo.
La diversidad en las redacciones también es una herramienta contra el racismo. La incorporación de profesionales de distintos orígenes favorece una información más plural, amplía las fuentes y visibiliza problemáticas que suelen quedar fuera de la agenda mediática, como el racismo institucional, la discriminación en el acceso a la vivienda o la explotación laboral de personas migrantes.
Por ello son necesarias iniciativas como Más Diversidad en los Medios Públicos, que reclama medidas para garantizar que toda la ciudadanía pueda verse representada en los medios públicos. El derecho a comunicar y a participar en la construcción del relato también forma parte de la igualdad democrática.
Del mismo modo que el feminismo impulsó una revisión crítica de los comportamientos machistas, quienes trabajamos en la comunicación debemos reconocer y corregir los silencios, sesgos y estereotipos que perpetúan el racismo. La lucha antirracista no puede separarse de la defensa de los derechos sociales, porque sin igualdad de derechos y de representación no puede existir una democracia plenamente inclusiva.
fargov

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