03 septiembre 2026

La crisis de Ceuta y Melilla ¿Represalia geopolítica?

Hoy en día los españoles constituyen casi la mitad de la población de las dos colonias de Sabtah y Maliliah. Forman una ligera mayoría en Sabtah, o Ceuta, mientras que los marroquíes autóctonos tienen una estrecha mayoría en Maliliah, o Melilla.

A raíz de la reciente oleada migratoria hacia Ceuta han resurgido las reivindicaciones marroquíes para la devolución de Sabtah y Maliliah. El 22 de agosto el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, declaró que Marruecos «se aferraría a su derecho histórico y geográfico» sobre ambas ciudades, y pidió la creación de una comisión de diálogo permanente para negociar su regreso «al seno de la patria».

Días más tarde el ministro marroquí de los Habices y Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, evocó las «ciudades ocupadas» del norte de África en el palacio real de Rabat, durante una ceremonia con motivo del cumpleaños del Profeta presidida por el rey Mohammed VI.

España respondió de forma terminante insistiendo en que nunca renunciaría a la soberanía sobre sus colonias. «Ceuta y Melilla son españolas», afirmó la portavoz del Gobierno, Elma Saiz. «Son nuestras fronteras meridionales, así como las fronteras de Europa. No hay nada más que añadir».

Sigue sin estar claro adónde conducirán las exigencias marroquíes, especialmente teniendo en cuenta el apoyo de la administración Trump a la reivindicación de Marruecos sobre el Sáhara Occidental frente a las reivindicaciones indígenas del pueblo saharaui y de la República Árabe Saharaui Democrática proclamada por el Frente Polisario en 1976, reconocida por más de dos docenas de países.

Las reivindicaciones han resurgido en medio de la creciente hostilidad de Estados Unidos e Israel hacia España, a raíz de la condena por parte de Madrid del genocidio y las políticas coloniales de Israel hacia los palestinos. Marruecos, por su parte, tiene sus propios motivos de queja.

Su ofensiva territorial podría deberse menos a un sincero sentimiento nacional que al deseo de castigar a España por negarse a reconocer la plena soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental —a pesar de que ha respaldado el plan de autonomía de Marruecos para el territorio— y por mantener buenas relaciones con Argelia, que apoya la independencia saharaui y está aliada con el Frente Polisario.

Aunque la administración Trump ha reafirmado su apoyo a la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, un informe del Congreso de EE. UU. que describía ambas ciudades como situadas en territorio marroquí y fomentaba el diálogo diplomático entre Rabat y Madrid ha despertado la alarma. España insiste en que su estatus no es negociable.

No está claro hasta qué punto será sostenible la postura española, dada la estrecha alianza de Marruecos con Israel bajo el mandato del primer ministro Benjamín Netanyahu y la hostilidad constante de Trump hacia el Gobierno socialista español. Madrid denegó a Washington el uso de sus bases militares para la guerra contra Irán y retiró a su embajadora en Israel a raíz del genocidio en Gaza.

Muchas personas en España creen que el país está pagando ahora por ese desafío, y políticos y comentaristas culpan a Israel y a EE. UU. de avivar la crisis de Ceuta como represalia.

El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, avivó esas sospechas al publicar en X que ya era hora de que España explicara por qué «sigue manteniendo enclaves coloniales en África». El ministro de Transportes español, Óscar Puente, compartió la publicación y comentó: «Bueno, parece que todo se está aclarando bastante».

La alianza antipalestina de Marruecos con Trump e Israel no puede determinar el futuro de las dos colonias de asentamiento. Ese futuro debe basarse en un auténtico impulso hacia la descolonización, que se aplique por igual a Sabtah y Maliliah, al Sáhara Occidental y a todos los territorios palestinos, libaneses y sirios colonizados por Israel.

Fuente: Joseph Massad (Voces del mundo)

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